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martes, 31 de enero de 2017

Homenaje a mi querida María José en el día de su jubilación que fue ayer

Una persona imprescindible

31.01.2017 | 05:30
María José García Gutiérrez, al jubilarse hoy, cierra un ciclo en su vida para iniciar otro que se le abre lleno de ilusión.
Incansable profesional, siempre se ha caracterizado por la rigurosidad, el amor y respeto a los pacientes y la valentía con la que se ha enfrentado a tantas situaciones difíciles.
Las personas que hemos trabajado con ella nos sentimos muy afortunadas, nos ha legado un patrimonio inmaterial que no tiene precio: hacer bien nuestro trabajo. Queremos dedicarle unas palabras de Bertolt Brecht que parecen escritas para ella:
Hay personas que luchan un día y son buenas. Hay otras que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenas. Pero hay las que luchan toda la vida, éstas son las imprescindibles.
Querida María José, gracias por tu apoyo y ayuda incondicional cada vez que la hemos necesitado. Sin lugar a dudas, te echaremos de menos. Tu equipo que te quiere.

sábado, 28 de enero de 2017

EL ANALFABETO POLÍTICO


No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.
Bertold Brecht

Hitchens: el debate sobre la fe


“El debate sobre la fe –explica Hitchens– es el origen y fundamento de todas las discusiones porque representa el comienzo (pero no el final) de todas las discusiones acerca de la filosofía, la ciencia, la historia y la naturaleza humana. Es también el comienzo (pero en modo alguno el final) de todas las disputas sobre la vida buena y la ciudad justa. La fe religiosa es imposible de erradicar precisamente porque somos criaturas que todavía estamos evolucionando. Jamás sucumbirá; o, al menos, no sucumbirá hasta que superemos el miedo a la muerte, a las tinieblas, a lo desconocido y a los demás. Por esta razón, no la prohibiría ni siquiera en el caso de que pudiera hacerlo. Usted dirá: es muy generoso. Pero, ¿serán los creyentes igual de indulgentes conmigo? Lo digo porque hay una auténtica e importante diferencia entre mis amigos religiosos y yo, y los amigos auténticos e importantes son lo suficientemente honrados para reconocerlo. Me conformaría con poder acudir a los ritos con que se acoge la maduración religiosa de sus hijos, con maravillarme ante sus catedrales góticas, con ´respetar´ su fe en que el Corán fue fruto de un dictado, aunque fuera exclusivamente en árabe y a un comerciante analfabeto, o con interesarme por el consuelo que ofrecen las religiones neopaganas, el hinduismo o el jainismo. Y, si es así, seguiré haciéndolo sin insistir en que me prodiguen cortés y recíprocamente idéntico trato… que consiste en que ellos, por su parte, me dejen en paz. Pero, en última instancia, la religión es incapaz de hacerlo. Mientras escribo estas palabras, y mientras usted las lee, las personas de fe planean cada una a su modo destruirnos a usted y a mí y destruir todas las magnificas realizaciones humanas que he mencionado y que han costado tanto esfuerzo. Hitchens  ( a raiz de los dogmatismos religiosos recientes y antiguos que llevan a guerras , etc ) 

El valor de " No se " Szymborska

Esta es la razón por la cual valoro esta frase: “No sé”. Es pequeña, pero vuela sobre alas poderosas. Expande nuestras vidas para incluir los espacios dentro de nosotros, además de esas expansiones externas en que nuestro pequeño planeta está suspendido.
Si Isaac Newton nunca hubiese dicho “no sé”, la manzana en su pequeño huerto habría caído al suelo como granizo y en el mejor de los casos la habría recogido y engullido con entusiasmo.
Si mi compatriota Marie Sklodowska-Curie nunca se hubiera dicho “no sé”, lo más probable es que ella habría terminado enseñando química en alguna universidad privada para jovencitas de buenas familias y habría terminado sus días realizando, por lo demás, este respetable trabajo.
Pero ella continuó diciendo “no sé”. Y esas palabras la encaminaron, no una sino dos veces a Estocolmo, donde los espíritus inquietos y cuestionadores  son ocasionalmente galardonados con el Premio Nobel.

Un poeta, si es un verdadero poeta, debe repetirse también: “yo no sé”. En cada nuevo poema él trata de contestar, pero a cada punto final una nueva duda lo invade, una nueva pregunta, y la convicción de que se trata una vez más de una respuesta provisional e insuficiente. Entonces él vuelve a empezar una vez más, hasta que un día los doctores en letras ponen en un enorme clip todas las pruebas de su insatisfacción y le llaman “su obra”.

A veces sueño con situaciones imposibles, imagino por ejemplo, en mi insolencia, que tengo la ocasión de hablar con Eclesiastés, el autor del lamento más conmovedor por la vanidad de todas las acciones del hombre. Haría una reverencia profunda ante él, ya que para mí es uno de los poetas más importantes, y lo tomo de la mano. “Nada nuevo bajo el sol”, dijiste Eclesiastés, sin embargo tú has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema escrito por ti es nuevo bajo el sol ya que antes de ti nadie lo había escrito.

George Steiner: Estamos matando los sueños de nuestros niños

P. El ruido y la prisa… ¿No cree que vivimos demasiado deprisa? Como si la vida fuera una carrera de velocidad y no una prueba de fondo… ¿No estamos educando a nuestros hijos demasiado deprisa?
R. Déjeme ensanchar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo… pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. Nos hemos equivocado en todo, en el fascismo y en el comunismo y, a mi juicio, también en el sionismo. Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.
P. Habla usted de la utopía y de su contrario, la dictadura de la certidumbre…
R. Muchos dicen que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.

miércoles, 25 de enero de 2017

Infectada. Leila Guerriero .EL Pais

Me gusta mi mundo sucio, contradictorio, mugriento y bajo. No lo cambio por el lugar desinfectado que, dentro de poco, será

Un niño leyendo un libro iluminado por la luz del móvil © GETTY
Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain, y Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, fueron retirados de los programas escolares de un condado de Virginia por quejas de una madre cuyo hijo adolescente se perturbó ya que incluían “insultos raciales y palabras ofensivas”. Sucede en Estados Unidos pero, como allí empieza todo (del nacionalismo recio al blanqueamiento dental), hacia allí vamos. Por eso quiero dejar expuesto mi pecado, del que no me arrepiento: para recordarme a mí misma, cuando los adolescentes sean almas tan sensibles que no puedan leer Platero y yo sin ir al psiquiatra, cómo era este mundo cuando podía lastimarte pero valía la pena. No me pesa, señor, ni me arrepiento de haber hojeado, siendo pequeña, libros que mis padres me pedían que no leyera porque tenían escenas de sexo o de violencia, ni de haber leído los cuentos bestiales de Horacio Quiroga donde nenitas preciosas eran degolladas por sus hermanos con deficiencias mentales, ni del chorro de entrañas de Santiago Nasar. No sé qué de todo eso me hizo lo que soy, alguien que era feliz incluso cuando creía que no lo era, que alguna vez leyó, asociada con Jack London, la frase “ningún hombre sobre mí” y la hizo su escudo. Pero no me arrepiento. De chica leí libros que me destrozaron —Los niños terribles, de Cocteau—, que me produjeron pesadillas —El país de octubre, de Bradbury—, o que no entendí —Muerte en Venecia, de Thomas Mann—. Y no estuve en el infierno pero sé cómo es porque leí El pozo y el péndulo,de Poe. Cuando este sea un mundo repleto de adolescentes hipersensibles que no puedan comer un pollo sin echarse a llorar, yo seguiré con mi presa entre los dientes, viviendo de la forma en que los libros me enseñaron a vivir. Me gusta mi mundo sucio, contradictorio, mugriento y bajo. No lo cambio por el lugar desinfectado que, dentro de poco, será.

martes, 24 de enero de 2017

Being Mortal

Ser el eterno forastero

Cartas a Juan Antonio. París, 28 de enero de 1954. Julio Ramón Ribeyro.




“El gran error de la naturaleza humana es adaptarse. La verdadera felicidad estaría constituida por un perpetuo estado de iniciación , de sucesivo descubrimiento, de entusiasmo constante. Y aquella sensación solo lo producen las cosas nuevas que nos ofrecen resistencias que aún no hemos asimilado. El matrimonio destruye el amor, la posesión mata el deseo, el conocimiento aniquila el placer, el hábito la novedad, la destreza, la conciencia. Ser el eterno forastero, el eterno aprendiz, el eterno postulante, he allí una fórmula para ser feliz.”

lunes, 23 de enero de 2017

Oliverio Girondo : El puro no

El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no

domingo, 22 de enero de 2017

"Variations On Glenn Gould" : A documentary about Glenn Gould


Discurso de Rowling sobre el fracaso en Harvard , del blog el B de Fierabras

La experiencia del Fracaso

-  Hace pocos años , J.K Rowling hizo un discurso en Harvard sobre la experiencia de fracasar y en cómo la adversidad puede convertirse en el mejor de los cimientos de un futuro lleno de esperanza. A mí , esta reflexión me ayuda en muchos momentos de los que vivo actualmente y queria compartirlo con vosotros  ahora, por Navidad:

"No puedo criticar a mis padres por esperar que yo nunca experimentara la pobreza. Ellos mismos habían sido pobres, yo misma llegué a ser pobre, y estoy de acuerdo con ellos en que no es precisamente una experiencia ennoblecedora. La pobreza implica miedo, y estrés, y a veces depresión; significa miles de pequeñas humillaciones y obstáculos. Salir de la pobreza a través de tu propio esfuerzo es algo de lo que enorgullecerse, pero la pobreza sólo es romántica para los tontos.
Lo que más temía a vuestra edad no era la pobreza, sino el fracaso.


No soy tan simple como para pensar que porque ustedes son jóvenes, talentosos y bien educados, nunca habrán pasado por dificultades o desencantos. El talento y la inteligencia nunca han inoculado a nadie contra los caprichos del destino, así que en ningún momento supongo que todos los aquí presentes han disfrutado de una existencia llena de privilegios y satisfacciones.
Sin embargo, el hecho de que ustedes se estén graduando de Harvard sugiere que no están muy acostumbrados al fracaso. Tal vez hayan tenido tanto miedo a fallar como han deseado el éxito. De hecho, su concepto de fracaso puede no estar muy lejos de la idea de éxito de una persona promedio; así de alto han volado ya. En última instancia, todos hemos de decidir por nosotros mismos qué es el fracaso, pero el mundo está deseando ofrecerles su criterio si le dan permiso. Así que creo que es justo decir que bajo cualquier punto de vista habitual, sólo 7 años después del día de mi graduación, fracasé a una escala épica. Un matrimonio excepcionalmente corto se había hundido ya, y yo estaba desempleada, era madre soltera, y tan pobre como es posible serlo en la Gran Bretaña moderna sin acabar en la calle desahuciada. Los temores que mis padres albergaban sobre mí, y que yo albergaba sobre mí misma, se convirtieron en realidad, y bajo cualquier criterio estándar, yo era el mayor fracaso que conocía.
No voy a pararme aquí para decirles que el fracaso es divertido. Ese período de mi vida fue muy oscuro, y no tenía ni la más remota idea de que ocurriría lo que la prensa llama ahora un “final de cuento de hadas”. No tenía idea de lo larogo que sería el tunel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad.
 Así que, ¿por qué hablo acerca de los beneficios del fracaso? Simplemente porque el fracaso significó un camino para despojarme de lo no esencial.  Dejé de pretender que era algo muy diferente a lo que era en realidad, y comencé a dirigir toda mi energía a terminar el único trabajo que me interesaba.  Si hubiera triunfado en alguna otra cosa, quizás nunca hubiera encontrado la determinación de triunfar en aquello a lo que creía verdaderamente pertenecer. Me liberé, pues mis mayores miedos se habían materializado, y aún estaba con vida, y aún tenía una hija a la cual adoraba, y tenía una vieja máquina de escribir y una gran idea. Y entonces el fondo se convirtió en los cimientos sólidos sobre los que reconstruí mi vida.
Tal vez vosotros nunca fracaséis a la escala que yo lo hice, pero algún fracaso en la vida es inevitable. Es imposible vivir sin fallar en algo, a menos que vivas tan cautelosamente que no estés viviendo en realidad - en cuyo caso, fallas por defecto. El fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al aprobar exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una voluntad fuerte, y más disciplina de la que sospechaba. Y también descubrí que tenía amigos que valen más que los rubíes.
El saber que has emergido más sabia y más fuerte de tus adversidades significa que estás, para siempre, segura de tu capacidad para sobrevivir. Nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba por la adversidad. Ese conocimiento es un verdadero regalo, en la medida del dolor que cuesta conseguirlo, y vale más que cualquier calificación que haya obtenido nunca. Si me dieran un máquina del tiempo, me diría a mi misma a los 21 años que la felicidad personal reside en saber que la vida no es un listado de adquisiciones o logros cumplidos. Vuestras calificaciones, vuestros currículums, no son vuestra vida, aunque conoceréis a muchas personas de mi edad o mayores que confunden estos dos aspectos. La vida es difícil, y complicada, y más allá del control de cualquier persona, y la humildad de saber eso os permitirá sobrevivir a sus vicisitudes.

Extracto del discurso de JK Rowling en la Ceremonia de Graduación N°357 de la Universidad de Harvard (2008)

Cosas aprendidas y desaprendidas ( del Blog El balsamo de Fierabras )

Cosas que aprendí y desaprendí en 2016

- Hago mías las palabras de  Carles Capdevila y suscribo sus aprendizajes y enseñanzas. Es difícil resumir tanto en tan pocas frases . que haya tanta sabiduría como para constituir un código de la vida:


UNO. Que aceptar las limitaciones tiene un punto doloroso y otro de liberador. Sueltas peso, y te puedes entregar en cuerpo y alma a lo que te queda, si aprendes a dejar de lamentar lo que pierdes. Cuando se cierra una puerta se abren solitas un montón de ventanas.
DOS. Que la amabilidad puede ser la idea más revolucionaria. Tiene el poder transformador de las personas que llevan la sonrisa puesta, que transmiten optimismo, que nos hacen reír, que por donde pasan mejoran el ambiente.
TRES. Que en lugar de lamentarnos cuando el cuerpo se nos queja y soltar un “maldita rodilla”, tocaría valorar los años que hace que nos soporta y se dobla a nuestro servicio. En lugar de maldecir nuestros huesos tendríamos que celebrar este esqueleto que hace lo que puede y más para mantenernos firmes.
CUATRO. Que la alegría de vivir no tiene métodos pero tiene maestros. Conviene acercarnos, a la espera del contagio, a gente sencilla, que tiene en la bondad y la estima y el cuidado de los demás el foco, que pasan desapercibidos en un mundo que premia más el cinismo que la ingenuidad.
CINCO. Que hemos venido aquí, aunque lo disimulamos demasiado bien, a amar y ser amados, y por tanto a cuidarnos. Y que el cuidado de las personas es la tarea más importante del mundo, y la menos valorada.
SEIS. Que no se puede discutir nunca con un imbécil. La clave es detectarlos y frenarlos antes, pero esto requiere una sociedad madura y respetuosa que ignore la provocación barata y admire más los valores que no los resultados a cualquier precio.

SIETE. Que la persona con la que no te sepa mal llorar y que te haga la compañía adecuada es a la fuerza un muy buen amigo. Sobre todo si también sabe reír juntos.
OCHO. Que nunca es tarde para aprender a caminar, y que con el amigo con el que más salimos a caminar somos mucho más amigos desde que andamos juntos: haciendo camino somos más sinceros, más directos, más profundos.
NUEVE. Que sin confianza no hay motivación, porque confiar a menudo da más fruto que vigilar.
DIEZ. Que me seducen los optimistas currantes. Los que saben que todo es un desastre y todo puede ir mal, si no ponemos remedio pronto. Y por eso se ponen manos a la obra. Y mantienen este punto de ingenuidad necesaria para creer que podrán. Porque sin confianza no hay convicción y sin convicción no hay resultados y sin resultados no hay motivos para mantener la esperanza.
ONCE. Que priorizar significa descartar. Para poder dar el sí entusiasta y posible a lo que quieres deberás dar el no contundente y desculpabilizado a lo que no cabe.
DOCE. Que lo peor del miedo es cuando nos pilota, cuando se instala al volante. Porque el miedo nos puede hacer traidores. O nos puede paralizar por completo. El miedo a la verdad nos hace mentirosos, el miedo a sentir emociones fuertes nos hace fríos, el miedo al riesgo nos hace tirar demasiado toallas, y el miedo a morir nos puede impedir vivir.
TRECE. Que somos más lo que hacemos que lo que decimos, somos más lo que decidimos que lo que pensamos, somos cuando actuamos y no cuando reflexionamos. Y ya que hemos venido aquí a relacionarnos, la educación es el arte y oficio sublime de aprender mientras se enseña y de enseñar mientras se aprende. Sólo estando de verdad, de corazón, siempre, puedes aprender y enseñar a estar allí.
CATORCE. Que necesitamos más mala leche y más esperanza. Tenemos que estar más cabreados y más ilusionados a la vez. Nos conviene señalar y denunciar a los culpables, mirarles a los ojos, no asumir que esto toca, mostrarles toda la rabia que sentimos. Y simultáneamente ir arreglando con las manos el día a día, desde el inconformismo, con ambición y con la certeza absoluta de que es posible.
QUINCE. Que hacen falta médicos y maestros con visión de cabecera, que en lugar de dedicarse al trocito asignado, sean capaces de tomar distancia y cuidar de personas enteras, de pies a cabeza.
DIECISÉIS. Que la belleza está en la mirada, y no hay privilegio más hermoso que ser observado desde el amor incondicional y la alegría de vivir. No hay inversión más segura y rentable que rodearnos de personas que nos quieren tal como somos, que nos encuentran guapísimos al margen de lo que dicte el espejo. Que nos miran siempre con buenos ojos.

viernes, 20 de enero de 2017

Un hombre bebé en la Casa Blanca


Es un hombre de 70 años con el desarrollo emocional de, bueno, quizá no de un recién nacido, pero sí de un chico malcriado de primaria

Donald Trump en Washington, este jueves  AP
Cuando el español medio sufre uno de sus habituales ataques de indignación la primera exclamación que suele salir de su boca es “¡no es normal!”, seguida con reiterativo énfasis por un, “¡esto no es normal, joder!”. La frase, curiosa, ya que parte de la noción de un acuerdo unánime sobre lo que es la normalidad, no se oye tanto en los demás países de habla hispana ni, que yo sepa, en otras lenguas. Pero quizá haya llegado la hora de que el inglés la incorpore a su léxico, especialmente en Estados Unidos. El ascenso de Donald Trump a la presidencia es lo menos normal que ha ocurrido en la historia de ese país. Quizá sea lo menos normal que haya ocurrido en una democracia, o en una supuestamente madura democracia, en la historia de la humanidad.
Calígula llegó a la cima del poder en la antigua Roma, es verdad; como también lo hicieron Idi Amín en Uganda, o el general Galtieri en Argentina, o Stroessner en Paraguay. La diferencia es que Trump fue electo comandante en jefe por voluntad libre
Es un llorón con un ego gigante y frágil a la vez, como un enorme huevo de porcelana. La virtud adulta de la empatía es ajena a sus funciones cerebrales. Como su tuitorrea crónica indica, tiene una necesidad tan desesperada como infantil de ser siempre el centro de atención.

Lo anormal no tiene tanto que ver con las opiniones o políticas que Trump propone. Lo más anormal de su llegada a la Casa Blanca no es su admiración por Vladímir “los rusos tenemos las mejores prostitutas del mundo” Putin, o su desprecio por la OTAN y la Unión Europea, o su hostilidad hacia China, o que se vaya a rodear en el Despacho Oval de asesores de la derecha más rancia, o su deseo declarado de construir un muro en la frontera con México, o de romper el acuerdo nuclear con Irán o de dinamitar el sistema de sanidad pública de su país.
Lo más anormal es su personalidad; que el país más rico, más poderoso y más influyente del planeta vaya a tener como presidente a un hombre bebé, a un “man baby”, como lo definió con aterradora lucidez el humorista político estadounidense Jon Stewart. Trump es un hombre de 70 años con el desarrollo emocional de, bueno, quizá no de un recién nacido, pero sí de un chico malcriado de primaria.


He seguido con interés a los presidentes de Estados Unidos durante muchos años. Recuerdo mi desilusión cuando Richard Nixon llegó al poder; mi sensación de ridículo cuando lo reemplazó Gerald Ford, un hombre, como decían, “incapaz de mascar chicle y caminar en línea recta al mismo tiempo”; mi rabia cuando el mediocre actor Ronald Reagan ganó las elecciones dos veces; mi decepción cuando George Bush padre le tomó el relevo y mi horror cuando Bush hijo fue reelegido, tras la invasión de Irak, en 2004.
Pero la elección de Donald Trump es de otro orden. Ford, Reagan, los Bush e incluso Nixon, hasta su caída, eran personajes que, por lo menos en público, se comportaban con la seriedad y la dignidad que el cargo exige. Estaba en desacuerdo con ellos en casi todo, me ponía de mal humor cuando les veía en televisión, pero no sentía que eran personas fundamentalmente frívolas o inmaduras; nunca me asustaba que tuvieran el dedo en el botón nuclear.
Ahora, como escribía esta semana el columnista más conservador de The New York Times, David Brooks, los estadounidenses han elegido como presidente a “un rey bufón”. Yo iría más lejos. Trump es un enfermo. Viendo sus mensajitos en Twitter y oyendo sus declaraciones no solo en el cínico frenesí de la campaña electoral sino que, desde que venció a Hillary Clinton en noviembre, la única conclusión posible es que ofrece un caso clásico de trastorno de personalidad narcisista.